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Roberto Ayala: “Esperemos que sostengan a Sampaoli, porque tiene capacidad de trabajo”

Roberto Ayala, ex capitán de la Selección Argentina, participó de un evento de promoción de la final de la UEFA Champions League y allí aseguró que Jorge Sampaoli es el técnico indicado para este difícil momento que atraviesa la Albiceleste, que tiene la necesidad de resetearse rápido y, en estos cuatro partidos de eliminatorias que quedan, asegurar su clasificación a Rusia 2018.

El Ratón, que jugó tres mundiales, confía en el objetivo a corto plazo pero también exige una reconstrucción de las bases del fútbol argentino, algo que llevará más tiempo.

-¿Qué opinás de la designación de Jorge Sampaoli y en un momento en que faltan cuatro fechas para que terminen las eliminatorias?

-El entrenador, en cuanto al perfil de entrenador, me gusta. Hay cuatro partidos por delante y más allá de jugar bien, hoy hay que sacar los resultados necesarios para llegar al Mundial. Me gusta la idea de que se le haya hecho un contrato a largo plazo, porque eso habla de que se piensa más allá. Es el momento y es el indicado. Espero que en estos cuatro partidos se consigan esos resultados para poder trabajar más tranquilamente.

-¿Qué tan firme puede ser ese contrato a cinco años si se tiene en cuenta lo que pueda pasar en estos cuatro partidos?

-Bueno, yo creo en la reconstrucción y que tenemos que dar vuelta la página y empezar de cero. Esta puede ser una muestra. Esperemos que la sostengan en el tiempo porque este hombre tiene capacidad de trabajo.

-En su presentación, a Sampaoli se le preguntó mucho por el grupo, “los amigos de” ¿Qué hay de cierto en todo eso?

-Hoy en día es importante el manejo del grupo y de los egos, pero el jugador que viste la camiseta de la Selección quiere ganar. No mira otra cosa, y no importa quien esté. Cuantos más buenos jugadores tengas a tu lado, más posibilidades de ganar tenés. Entonces hay un sentimiento, por lo menos en lo que me tocó vivir a mí, de que el jugador quiere ganar a lo que sea. Y no le importa si hay un amigo o no.

-Ahora se destrabó el tema Icardi y finalmente fue convocado ¿Qué es lo bueno que va a traer y en qué hay que trabajar para que su inclusión sea beneficiosa?

-Por supuesto que va a depender de lo que él pueda hacer. Está demostrando que en el fútbol italiano está en buen nivel en cuanto a goles y cuántos más jugadores tengas a disposición y en buen estado, mejor. Después, durante la convivencia, tiene que aprovechar el tiempo al máximo y pensar solo en la Selección Argentina y no en otra cosa.

-¿En qué está tu chance de trabajar en las Selecciones Nacionales?

-Tuve una charla con Sebastián Verón que quedó en stand by, porque había posibilidades de poder ingresar. Estamos en charlas. No se ha definido en qué función, pero yo le dije que quería aportar sabiendo las cosas que tenía que hacer.

-Fuiste compañero de Pablo Aimar durante muchos años y a él también se lo menciona, pero como próximo DT en las juveniles, ¿cómo lo ves en esa función?

-Pablo va a ser de esos entrenadores que dejan una marca. Es un tipo que ve muy bien el fútbol y sabe transmitir, y eso hoy en día es fundamental. Como jugador fue un deleite jugar al lado de él, verlo de cerca y disfrutarlo. Fue un tipo con un cambio de ritmo y una habilidad en velocidad que muy pocos la tenían.

-¿Messi y Dybala es la sociedad futbolística de Argentina en el Mundial si se llega a conseguir la clasificación?

-Sí, porque hay calidad. Y cuando tenés calidad es muy bueno. Por ahí el dolor de cabeza lo va a tener el entrenador, para saber dónde ubicar esas piezas.

Alejandro Panfil

Brasil espera que la pelota lo libere de tensiones

brasil

Termina la cuenta regresiva y Brasil será nuevamente sede de una Copa del Mundo. Pero ésta será muy diferente a la de hace 64 años, cuando construyó el majestuoso Maracaná y perdió la final ante Uruguay. Hoy, el país vecino es sólo el dueño del terreno y quien afronta los gastos millonarios para que la FIFA instale su circo itinerante.

El pueblo se queja y reclama por escuelas y hospitales, y Brasil vive en tensión constante, ya que no sólo debe atender las quejas de sus ciudadanos, sino que también soporta las presiones del organismo presidido por Joseph Blatter, que le exige que se apure para llegar a esos estándares europeos que tanto pretende.

No se jugará en el Morumbí ni en el Pacaembú, como muchos habrán imaginado tras confirmarse a Brasil como sede. Se jugará en los nuevos y costosos Arena, el concepto siglo XXI que unifica y les quita personalidad a los estadios.

Así las cosas, Brasil espera que la pelota lo libere de tanta tensión.

REPASANDO EL “REPASO”

Repaso

“Nos han dado un repaso. El árbitro no tuvo influencia. Lo tenemos casi imposible. Hay que dar la cara en la vuelta”, dijo Gerard Piqué a la TV luego de la peor goleada sufrida por Barcelona en mucho tiempo. De hecho, ni siquiera el alto defensor estaba en el club cuando los Culé perdieron por última vez por una diferencia de tres goles (1-4 ante Real Madrid el 7 de mayo del 2008 por la Liga Española).

La cita al exManchester United sirve para aplacar tanta sospecha sobre los árbitros por haber perjudicado a los de Tito Vilanova en alguna que otra ocasión. A pesar de ciertos fallos, el dominio de Bayern fue total, de principio a fin. Es más, hizo el partido perfecto, el que necesitaba para intentar eliminar al mejor equipo del mundo en los últimos cinco años.

Cuesta entender, claro está, semejante goleada sufrida por Barcelona, que no perdía por el mismo marcador desde la final de la Champions 93-94, cuando el Milan de Fabio Capello fue el verdugo en la final de Atenas. Cuesta, pero no es imposible, ya que los de Baviera salieron decididos a dar el golpe de nocaut de entrada y luego controlar las acciones. No lograron marcar en los primeros instantes del juego, pero dejaron la pauta de que, a diferencia de la final perdida increíblemente ante Chelsea el año pasado, esta vez sí iban a hacerse fuertes en el majestuoso Allianz Arena.

A los 25 minutos, apareció Thomas Müller para vencer a Victor Valdés luego de que Dante le bajara la pelota de cabeza mientras la defensa catalana, muy estática, miraba la jugada. Barcelona sintió el impacto, pero sabía que había mucho camino por recorrer. Casi ni se podía imaginar lo que vendría después… El peor síntoma era que Messi, al límite de sus posibilidades, no podía transformarse en el líder de su equipo.

La goleada alemana, similar a la que le propinaron varios de estos hombres a Argentina en el Mundial de Sudáfrica, comenzó a tomar forma con la seguidilla de tantos de Mario Gómez, otra vez con la defensa dormida; Arjen Robben, con una cortina ilegítima de Müller a Jordi Alba, y el 4 a 0 final por el intratable Müller.

Barcelona se fue del campo asumiendo que tendrá una misión imposible en el Camp Nou. Puede soñar, claro, pero solo porque se trata de fútbol.

LA ÉPOCA DORADA AÚN NO CONCLUYÓ

messi

Cuando muchos se preguntaban si la mini crisis futbolística del Barcelona y un supuesto bajón anímico de Lionel Messi eran pruebas suficientes como para afirmar que se estaba en presencia del fin de un ciclo, el equipo dirigido provisoriamente por Jordi Roura se encargó de espantar a los fantasmas y de señalarle la puerta de salida de  la Champions al Milan, equipo que había dado un gran golpe en San Siro y contagiado al Real Madrid para que eliminara al Barcelona de la Copa del Rey y lo venciera en el clásico de la Liga Española.

El mejor equipo del mundo, porque lo sigue siendo, recurrió al mejor futbolista de estos tiempos para concretar la hazaña. Había que remontar esos dos malditos goles del partido de ida y los antecedentes pesaban. En el 2010, la sinfónica de Pep Guardiola no supo cómo levantar un 3 a 1 ante el Inter de José Mourinho y en el 2012 tampoco pudo con Chelsea cuando la diferencia era sólo de un gol.

Estaban todos los condimentos para que se viviera una jornada épica en el Camp Nou: con resultado en contra y con Tito Vilanova todavía tratándose de su cáncer en Nueva York, los jugadores entendieron que era el momento de demostrar que su equipo no estaba muerto, mucho menos que era el fin de un ciclo por un par de semanas sin alegrías.

Lionel Messi, de quien se especuló que no estaba bien anímicamente, abrió la cuenta a los cinco minutos con un golazo similar al que le hizo Diego Armando Maradona a Grecia en el Mundial del 94. Lo gritó con puño cerrado y animando a sus compañeros a que todo era posible y que había que seguir en esa línea. Barcelona, como en sus mejores galas, monopolizó las acciones en el primer tiempo y empequeñeció a su rival, aunque en una contra se pudo haber complicado todo si Niang no estrellaba en el palo ese mano a mano que tuvo ante Víctor Valdés. Había una vida más y el Barcelona, mejor dicho Messi, la aprovechó, metiendo otro golazo; esta vez similar al que desniveló la final de Londres ante Manchester United. La serie ahora estaba igualada pero no liquidada, aunque estaba el alivio de saber que el Barça era capaz de cualquier cosa, era el Barça de siempre.

Milan, un equipo que bajó a la realidad, fue pura impotencia. Cualquier intento de avance en el campo era detenido por Sergio Busquets, en primera instancia, o por Javier Mascherano, si hacía falta. Mientras tanto, Lionel seguía pidiendo la pelota, encarando y recibiendo golpes rivales. Se turnaban  Ambrosini y Mexes para bajarlo, aunque el argentino nunca se achicó.

Todo era optimismo, pero faltaba ponerle el sello al pasaporte a los cuartos de final. Eso empezó a ocurrir a los 10 minutos del segundo tiempo, cuando David Villa marcó el tercero, y en el minuto final, cuando Jordi Alba estableció el 4 a 0 final.

El festejo en Camp Nou, un estadio acostumbrado a las grandes victorias, fue especial. La patria culé necesitaba una remontada épica para contrarrestar todas las amarguras provocadas por Milan y Real Madrid, y la tuvo.

Barcelona, una vez más, demostró por qué es el mejor equipo de toda una época. Lo de ayer fue un aviso de que esa época aún no concluyó.

EL MESSI DEL 86

messi

El miércoles por la noche, Lionel Messi fue el centro de atracción pero por algo negativo. Luego de una jugada que iba camino a transformarse en una nueva obra de arte surgida del deporte, tras una espectacular sesión de Gerard Piqué, el arquero Artur tapó dos remates en una misma ocasión de gol, pero antes, en la fricción, salió lastimada La Pulga. Se temió lo peor y muchos apresurados ya daban por hecho que era una rotura de ligamentos. Sí, desde Argentina lo anunciaban porque Twitter lo decía…

Por suerte, Messi no tenía nada y solo era un golpe, de hecho ya todos daban por hecho que iba a estar ante el Betis por la Liga Española. El mejor jugador del mundo había asustado a todos y se temió que finalmente no alcanzara el tremendo récord de 85 goles que había marcado en un solo año Gerd Müller.

Lionel, que demuestra cada semana que es un fuera de serie, que tiene una voracidad sin precedentes y que todo lo hace en función del equipo, esperó tranquilo que llegara el domingo. Luego del susto, sabía que tenía que tener más paciencia que nunca, para que la ansiedad no le pasara factura como en el duelo de Champions ante el Benfica, en que terminó jugando unos pocos minutos.

Ante el Betis, en el Benito Villamarin, Messi hizo lo de siempre y quebró un récord que tenía 40 años de vigencia. El argentino, a los 16 y a los 25 del primer tiempo, venció al arquero San Miguel del Castillo y se llevó el abrazo de todos esos compañeros que fueron testigo de otra monumental hazaña. El descuento de Castro no llegó a arruinar la fiesta.

“Es lindo por lo que significa, pero lo más importante era la victoria que nos mantiene la distancia con los demás equipos. Eso es lo importante”, dijo Messi ante la televisión.
Y agregó: “Mi objetivo es poder conseguir a nivel de equipo la Liga, la Copa y la Champions. Es mi ilusión. Ya rompí el récord para que no se hable más de él. A ver si marco algún gol más para ponérselo más difícil a mis rivales…”.

Ante la consulta sobre la próxima entrega del Balón de Oro, comentó: “Si se lo dan a Andrés será merecidamente por todo lo que viene consiguiendo y lo que demuestra cada partido. Si lo gana él también estaría bien”.

Lionel, entre el Barcelona y la Selección Argentina, consiguió derribar una marca casi imposible. Y en esa vieja comparación con Diego Maradona, hay algo que ahora los vincula y es el número 86. El Pelusa, en el 86 ganó un mundial ante Alemania. La Pulga, con sus 86 tantos, superó a un tremendo goleador alemán. Saquen sus propias conclusiones y siéntanse que han nacido en el pueblo elegido.

HABLEMOS DE FÚTBOL

Una vez más se enfrentan Barcelona y Real Madrid en el campo de juego. Una vez más se vuelven a ver las caras y a mostrar sus virtudes Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Una vez más, como ya es costumbre en el último tiempo, la lupa se saca de la mesa de luz para evaluar, incisivamente, cómo festejan sus goles los dos mejores jugadores del mundo, como si la labor del periodismo deportivo hubiese mutado hacia un formato basado en chimentos y banalidades al estilo TMZ.

Y en Twitter, red social que permite lanzar punzantes afirmaciones sin temer al ridículo o al diario del lunes, se leen alabanzas a la humildad de La Pulga y misiles contra los gestos arrogantes de Cristiano Ronaldo cada vez que estos convierten un tanto, como si eso fuera lo más importante a analizar en un partido de fútbol.

Ambos rompen redes cada tres días, pero parece que esos goles no valen lo mismo. Los dos de Messi ante Iker Casillas-tremendo el segundo, por cierto-vienen acompañados por una catarata de elogios de los argentinos que lo han readoptado en el último año, dolidos por las críticas que llegaron desde Barcelona por no saber valorar al rosarino en su justa medida. Parece que, al haber sido cuestionado el maltrato hacia el mejor jugador del mundo, en la Argentina se han decidido no solo a admirar sus goles, sino también a elogiar la forma en cómo los festeja, abrazándose con sus compañeros y haciendo honor a la bondad y a las buenas costumbres que pretende imprimir el club catalán. Por cierto, es fácil adoptar esta postura cuando en el Madrid hay personajes no aptos para una campaña de UNICEF, como Mourinho y Pepe.

A Cristiano, que en un acto poco feliz osó declararse como rico, guapo y un gran jugador, no se le perdona absolutamente nada. En cambio, se le critica todo, y por eso sus goles parecen no valer lo mismo que los de su rival en la permanente carrera por los premios individuales que entregan la FIFA y la UEFA.

Es extraño, al menos, que en Argentina se critique la forma de ser del portugués. Aquí, donde se ha alabado a deportistas no solo por sus habilidades sino también por tener ego y lengua picantes como CR7, nos hemos contagiado de una moralina importada desde Cataluña, como si eso nos representara. Aquí, donde se ha criticado una supuesta falta de sentido de pertenencia de Lionel Messi por no cantar el himno nacional, se lo ha proclamado como el más argentino entre los argentinos.

La humildad y el sentido de ubicación de Messi no es precisamente nuestra principal virtud. Sin embargo hoy, reactivamente porque el mundo nos ha tachado de ingratos, nos empeñamos en valorar sus cualidades humanas por sobre sus habilidades futbolísticas. Es extraño, perdonen la insistencia.

Ronaldo, así tal como es, con un ego inmenso y políticamente incorrecto, sería ídolo en Argentina si no existiera Lionel, la estrella que le hace de contrapeso y  figura antagónica. Es raro que en Argentina se critique al portugués. ¿Será que nos duele ser más parecidos a Cristiano que a Messi?

Para evitar situaciones ingratas frente al espejo, sería más conveniente quedarse con el análisis y el disfrute del juego y no con la interpretación de los gestos de uno y otro. Tenemos a Messi, tenemos a Cristiano. Hablemos de fútbol.

@APanfil

DESPUÉS DE MESSI, NADA MÁS QUEDA

El fin de semana pasado, los argentinos mirábamos por TV cómo México le ganaba 2 a 1 a Brasil y se quedaba con el oro olímpico por primera vez en su historia. El ego siempre nos juega una mala pasada y, como argentinos que somos, podemos decir que al Tri se le facilitaron las cosas porque no estuvo la Albiceleste para defender su bicampeonato, pero por el terreno de lo que pudo haber sido no es muy conveniente transitar. Lo cierto es que Argentina no estaba y ellos sí, ahí festejando. La derrota de Brasil apenas nos podía servir de consuelo.

El hecho es que la ausencia en Londres no encendió ninguna alarma, pasó como si nada y llegó el martes, día en que la selección sub 21 jugó-y esto es un decir-un partido amistoso con su par de Alemania que terminó 1-6. Las divisiones menores Albicelestes, las mismas que ganaron 6 mundiales en los últimos 34 años, demostraron que están en caída libre y hasta el más optimista puede reconocer que esa realidad en las bases va afectar al combinado de mayores.

Casi terminando el Argentina 3 Alemania 1, un hincha se metió en el campo de juego para saludar a Lionel y obtener treinta segundos de fama. En la mayoría de los casos, una irrupción como esta provoca fastidio, pero esta vez debemos agradecerle al intruso por haber concentrado las miradas hacia el centro del campo, para que nos demos cuenta de que después de Messi, nada más queda.