Archivos Mensuales: enero 2013

LA ERA DORADA DE LIONEL MESSI

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Una vez más, Lionel Messi se quedó con un premio individual, su cuarto Balón de Oro de la FIFA al mejor jugador del planeta, lo que nadie consiguió en la historia del fútbol. Solo él pudo y lo hizo casi sin proponérselo, porque la pelota es lo único que realmente le mueve el piso y no los reconocimientos individuales, que serían imposibles si no jugara en un equipo. Él lo tiene más que claro y por eso duerme tranquilo y juega como si fuera un niño en cualquier baldío de su Rosario natal.

En Zurich, lugar que ya conoce de memoria por haber asistido desde que le crece barba, La Pulga volvió a ser reconocido y ovacionado por el mundo del fútbol, mientras ya van quedando menos detractores y enemigos públicos. Cristiano Ronaldo, quien en estos momentos preferiría ser un marcador de punta rústico al estilo Enrique Hrabina con tal de moverse en las sombras y ser reconocido solamente cuando mete una de sus clásicas murras asesinas, quedó como el gran perdedor de la noche y del lustro. Hoy el portugués, sin proponérselo, es buscado por las cámaras para detectarle un gesto irónico o alguna señal de desaprobación, como si el fútbol se tratara de esas pequeñeces.

“Es increíble, impresionante ganarlo por cuarta vez. Quiero compartirlo con mis compañeros de Barcelona, especialmente Andrés”, dijo Lionel Messi, luego de la confesión “estoy nervioso”. Y sí, está nervioso porque debe pensar que en algún momento él tendrá que aplaudir a otro colega que gane ese premio, pero eso sigue sin ocurrir, y nadie sabe cuándo se va a acabar su gloriosa dinastía.

Lionel, en un año en el que no tuvo una gran cosecha de títulos (solamente la Copa del Rey), lo que generalmente termina inclinando la balanza cuando se trata de mortales, llegó a la ceremonia con la increíble cifra de 91 goles en un año, sumando todos los partidos oficiales que disputó. Y no es menor el dato para quienes ofician de detractores ad honorem: es la primera vez que el galardón tiene relación directa con lo hecho en la albiceleste, donde marcó goles importantes y de la noche a la mañana pasó a ser ídolo.

Este Balón de Oro, el cuarto consecutivo, por si no quedó claro, sirve para llamar la atención de todos aquellos que están esperando que Lionel, considerado ya en el resto del mundo como el mejor jugador de la historia, gane un mundial para darle el crédito que se merece. Aquellos que piensan que La Pulga, un fuera de serie, debe revalidar su calidad en un torneo que cada cuatro años se mediocriza más y más, deberán revisar su estrabismo y adaptarse a los tiempos que corren. Messi es ver para creer. Todo lo demás, poco importa.

Messi no ganó un mundial de selecciones, eso está claro, pero obtuvo un mundial de clubes, un mundial juvenil, un oro olímpico, tres Champions League, dos Supercopas de Europa, cinco ligas españolas, cinco Supercopas de España y dos Copas del Rey, todo con 25 años de edad, pero lo que lo hace más grande es que no le exhibe su currículum a nadie.

Messi, el mejor jugador del planeta, es grande porque cuando muchos creen que compite contra Cristiano Ronaldo, él lo hace consigo mismo, conservando ese espíritu amateur que muchos pierden cuando los millones y los flashes aparecen en sus vidas.

El mundo del fútbol debe estar hablando y preguntándose si es merecido o exagerado que Lionel se lleve el Balón de Oro por cuarta vez consecutiva; los colegas españoles, una vez más se quejarán y reclamarán justicia histórica para algún futbolista de la Roja; Cristiano Ronaldo, preso de su personaje de malo de la película, se verá obligado a pensar que todo es un complot en su contra; Messi, mientras tanto, seguirá divirtiéndose con una pelota de fútbol, en un baldío o ante 100 mil personas.