Archivos Mensuales: agosto 2012

ZANETTI, DE DESCONOCIDO A ILUSTRE

Alguna vez se fue a probar a Independiente, club del que es hincha, y no quedó. Eso, para un joven que sueña con jugar al fútbol, podría llegar a ser el orígen de una caída anímica sin retorno y una posterior decisión de dedicarse a otra cosa.

Eran épocas en que el Rojo era un equipo todavía poderoso y competitivo, no como en la actualidad, que está último en los promedios y en caso de no corregir su rumbo puede terminar jugando en la B Nacional, categoría en la que jugó Javier Zanetti una vez que llegó a la Primera de Talleres de Remedios de Escalada. Allí, luego del rechazo del club de sus amores, recalculó y comenzó de a poco a hacerse dueño del costado derecho de la cancha.

Fue un completo desconocido para el gran público de la Argentina hasta el 4 de septiembre de 1994, cuando la rompió en la Bombonera jugando para Banfield, el día en que el Taladro, hoy en la B Nacional, le ganó 2 a 1 a Boca. Twitter no existía, pero #Zanetti fue el hashtag de la semana siguiente.

Su etapa jugando en la Argentina duró muy poco, porque se fue al Inter de Milán, a pelearla en un equipo acostumbrado a contratar grandes estrellas y no a un obrero del fútbol como el Pupi. Fue a tratar de ganarse un lugar en uno de los clubes más grandes del mundo y su único antecedente era haber vestido una camiseta verde y blanca de un club del Gran Buenos Aires. “En Europa nos miran desde arriba. Cuando llegás allá sos uno más, por más que seas Neymar”, dijo Gabriel Batistuta, un conocedor del fútbol italiano que plantó bandera un par de años antes que Zanetti.

Sabiendo que era uno más, el Pupi no sólo se ganó un lugar sino que se hizo capitán y máximo ídolo del club Neroazurro, llegando a coronar una carrera que parece no tener fin al levantar la Copa de Europa en 2010, en Madrid.

Con 39 años, acaba de llegar a los 800 partidos vistiendo la camiseta del Inter. El equipo que fue testigo de este récord impresionante fue el Vaslui de Rumania, tan desconocido como Zanetti al llegar a Italia en 1995.

@APanfil

DESPUÉS DE MESSI, NADA MÁS QUEDA

El fin de semana pasado, los argentinos mirábamos por TV cómo México le ganaba 2 a 1 a Brasil y se quedaba con el oro olímpico por primera vez en su historia. El ego siempre nos juega una mala pasada y, como argentinos que somos, podemos decir que al Tri se le facilitaron las cosas porque no estuvo la Albiceleste para defender su bicampeonato, pero por el terreno de lo que pudo haber sido no es muy conveniente transitar. Lo cierto es que Argentina no estaba y ellos sí, ahí festejando. La derrota de Brasil apenas nos podía servir de consuelo.

El hecho es que la ausencia en Londres no encendió ninguna alarma, pasó como si nada y llegó el martes, día en que la selección sub 21 jugó-y esto es un decir-un partido amistoso con su par de Alemania que terminó 1-6. Las divisiones menores Albicelestes, las mismas que ganaron 6 mundiales en los últimos 34 años, demostraron que están en caída libre y hasta el más optimista puede reconocer que esa realidad en las bases va afectar al combinado de mayores.

Casi terminando el Argentina 3 Alemania 1, un hincha se metió en el campo de juego para saludar a Lionel y obtener treinta segundos de fama. En la mayoría de los casos, una irrupción como esta provoca fastidio, pero esta vez debemos agradecerle al intruso por haber concentrado las miradas hacia el centro del campo, para que nos demos cuenta de que después de Messi, nada más queda.

BOCA, RIVER Y EL PESIMISMO GARANTIZADO

Por esas cosas que pasan por la cabeza de los dirigentes del fútbol argentino, y que por supuesto son difíciles de comprender, el campeonato ha dejado de dividirse en Apertura y Clausura para ahora ser Inicial y Final. Entre los cambios más o menos pensados y analizados con tiempo y los que se hicieron faltando unas 72 horas para que comenzara la primera fecha, quedó en limpio que ya no habrá promociones y que habrá tres descensos directos y misma cantidad de ascensos de equipos de la B Nacional, que al cierre de esta edición todavía no había sido rebautizada.

La temporada 2012-2013 que acaba de comenzar iba a consagrar a un campeón por año, que debía surgir de una final entre el ganador del Inicial y del ganador del Final. Pero hubo marcha atrás y ahora los ganadores de cada semestre serán consagrados campeones y habrá un partido de postre que coronará a un “Súper campeón”.

Todo muy lindo, pero lo que no pudieron cambiar desde el escritorio fue el paupérrimo nivel de nuestro fútbol. El nuevo campeonato, llámese como se llame, mostró en su primera fecha que los ojos seguirán ardiendo como antes y que, en consecuencia, el partido será más entretenido en Twitter que en el mismísimo campo de juego.

Solo basta con fijarse cómo les fue a los dos más grandes de la Argentina, que dejaron una preocupación importante para quienes trabajan en la industria turística. Luego de un año sin el clásico, el reencuentro de estos dos equipos en Primera División (28 de octubre) será invendible a toda esa oleada de extranjeros que mueren por visitar la Bombonera o el Monumental para comprobar qué sienten los argentinos cuando se juega un Boca-River.

El Xeneize, que casi tuvo que jugar el partido con Quilmes vía Skype, por su demorado regreso de una gira recaudatoria por Colombia y Venezuela, tuvo su profecía auto cumplida: se convenció de que sin Riquelme no jugaría a nada y le salió a la perfección.

Lo de River no sorprendió en lo absoluto: ¿alguien pensaba que el Millonario, volviendo a Primera División jugando con Belgrano de Córdoba y teniendo un penal a favor a cinco minutos del final podía llegar a no perder?

Volviendo a la seriedad que suele proponer este blog, es menester tomar conciencia de que si los dos faros futbolísticos de esta parte de Sudamérica arrancaron así, lo que nos espera es poco alentador. Sólo una epidemia de Brasil del 70 o de Naranja Mecánica podría dar marcha atrás a esta tendencia al pesimismo en que hemos caído en esta parte del mundo.

@APanfil