Archivos Mensuales: febrero 2011

ARSENAL-BARCELONA: LA SINTESIS PERFECTA DEL FUTBOL

 
Barcelona estaba demostrando una vez más que es el mejor del mundo. Luego de un comienzo adrenalinico del Arsenal, su máximo discípulo, el equipo de Guardiola tomó las riendas del partido e hizo lo de siempre: tocar, buscar al compañero mejor ubicado y esperar el momento justo para lastimar.
 

Se estaba dando la lógica en un deporte que no tiene lógica. El Barca es el equipo de la época y probablemente se esté convirtiendo en el mejor de todos los tiempos. El Arsenal lo sufría en su propia casa y parecía resignarse a una derrota segura ya que a los 26 minutos del primer tiempo Lionel Messi puso un pase magistral para que David Villa convirtiera el tanto que le daba la victoria a los catalanes.

Es más, el Barca pudo haber aumentado si no le hubiesen anulado un gol legitimo a Lionel, quien cabeceó habilitado y el línea levantó la bandera como si estuviera empeñado en que el argentino siga sin poder marcar en Inglaterra.

Promediando el segundo tiempo, Guardiola decidió sacar de la cancha a David Villa para poner a Keita, tal vez pensando que el partido ya estaba definido. En el viaje de regreso a Cataluña habrá pensado mucho en esa variante.

Barcelona dominó gran parte del juego, exactamente hasta los 33 del segundo tiempo, momento en que Robin Van Persie logró precisión por primera vez en todo el partido y metió un zurdazo que se le metió en el primer palo a Víctor Valdes.

El Arsenal tuvo su premio al esfuerzo y a no desconcentrarse, porque claramente sintió que su rival era superior y pudo haberse resignado. A los 38, luego de un gran contraataque, Andrei Arshavin consiguió el 2 a 1 que hizo explotar a la multitud Gunner. Se redondeaba un partidazo con todas las letras.

Quienes busquen justicia en el marcador final no la encontrarán. Solo tendrán la certeza de que el fútbol es el mejor deporte de todos, porque durante 90 minutos, la lógica no tiene lugar.

A NO CONFUNDIRSE: MESSI NO ES EL FUTURO DEL FUTBOL ARGENTINO

Convengamos que tener al mejor jugador del mundo no es merito nuestro. Es pura suerte que ese enano que maravilla a millones con su habilidad y su sapiencia haya nacido en esta parte del mundo, porque, por lo demás, casi no nos pertenece.

Discutido este tema hasta el hartazgo, se llegó por fin a la conclusión de que Messi es todo lo que es gracias a sus padres y al Barcelona. Argentina lo tiene de casualidad, como casi todo lo que sucede por aquí. Pudo ser español y por esas cosas de la vida hoy no viste la camiseta del campeón del mundo.

Argentina, además de tener una tierra fértil en la que crece cualquier cosa que se plante, también es favorecida por el nacimiento de un gran número de cracks que llenan noticieros con los goles que convierten cada fin de semana en Europa. Se fueron del país casi sin saber prepararse un plato de fideos y se hicieron jugadores allá, donde consiguen mayor contracción al trabajo y se convierten en súper profesionales.

Pero la verdad es que nadie en Argentina se ocupó de ellos, solo se preocuparon por ubicarlos en el viejo continente sin hacer demasiado por el crecimiento futbolístico y personal de cada uno. En síntesis, son diamantes en bruto que nadie en nuestro país se tomó el trabajo de pulir y luego se pretende que se pongan la camiseta celeste y blanca y levanten la copa del mundo. Así de fácil.

Que Lionel Messi sea el mejor jugador del mundo no es una señal alentadora para nuestro fútbol, no es más que una excepción a la regla. Sus padres lo criaron y el Barcelona hizo el resto. Esa escuela es la que lo transformó en la enorme estrella que es por estos días.

El talento inconmensurable de Lío debe ser puesto en el contexto adecuado y no como un reflejo de la actualidad del fútbol argentino, que es pobre y carece de estructuras sólidas y de proyectos a largo plazo. En gran parte, por la inoperancia, corrupción y longevidad de sus dirigentes.

Dos años atrás, cuando la selección sub 20 se quedó afuera del mundial de Egipto, terminando en el último puesto en el hexagonal final en Venezuela, no fue la muerte de nadie, porque es fútbol, pero fue un llamado de atención. El talento individual y el juego colectivo ya no estuvieron presentes. La autocrítica de Sergio Batista, actual entrenador de la selección mayor, también brilló por su ausencia.

24 meses después, la historia se vuelve a repetir y solo con ayuda de la suerte se conseguirá el pasaje al mundial de Colombia, ya que el nivel de juego fue paupérrimo y se resignaron casi todas las chances de meterse en los Juegos Olímpicos de Londres.

Pero la clasificación a esos torneos, una vez más, debe pasar a segundo plano y es necesario reflexionar sobre el vaciamiento de nuestro fútbol. Vaciamiento en cuanto a talento y trabajo.

“Imitar al Barcelona” (hit del momento de Sergio Batista) pareciera que es la solución a todos los problemas, pero ¿Argentina tiene la necesidad de imitar modelos? ¿Sabe Batista que para ser como el Barcelona hay que trabajar mucho más de lo que él piensa y que la famosa posesión de balón y juego lujoso no se logra solamente poniendo tres números cinco en el equipo?

Si se tomara en serio el speech de Checho, las juveniles Albicelestes deberían entrenarse en La Masia, el gran semillero del club catalán. Pero no se trata de eso, se trata de buscarse un discurso más creíble y llevarlo a cabo.

El fútbol argentino se ha llenado de palabras y fueron pocos los hechos. Que tengamos a Messi, el mejor del mundo, no nos convierte en los mejores del mundo. Argentina viene de otra gran frustración, no porque se haya perdido el mundial, que se lo lleva uno entre treinta y dos equipos, sino porque se desaprovechó nuevamente todo el diamante en bruto que sigue sin pulirse.

A no confundirse: Messi está construyendo el gran futuro del propio Messi y ayudará, como hasta ahora, a hacer más grande aun al Barcelona. El futuro del fútbol argentino depende de quienes manejan el fútbol argentino.